Escuela y Cursos de TEATRO e Interpretación; Madrid 2018

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Visualización - clases de teatro

En nuestra vida, siempre vemos aquello de lo que estamos hablando.

El actor debe aprender a visualizar los sucesos de la vida pasada de su personaje. Debe hacerse, como una película mental de esos recuerdos de los que hablamos en escena.

A este proceso lo llamamos visualización. Stanislavsky le daba mucha importancia.

Cuando digamos el texto comunicaremos sólo una pequeña parte de esa película de visualizaciones. Pero pasará como con un iceberg, el público nota que hay mucho más dentro del personaje, de lo que ha dicho; y esto ayuda a crear una sensación de verdad escénica.

El cerebro está hecho de tal forma que no hace caso de aquellos estímulos que se repiten. Este fenómeno se llama desensibilización, y es lo que explica porque al entrar en una habitación percibimos un olor muy fuerte, pero al cabo de unos minutos, el cerebro se acostumbra por así decirlo y casi no lo notamos.

Está capacidad es muy útil desde el punto de vista evolutivo. Continuamente estamos bombardeados por una cantidad enorme de estímulos, el cerebro sólo puede hacer caso de aquellos que son nuevos y pueden representar un peligro de supervivencia. Así cuando el cerebro decide que un estimulo no es peligroso, lo ignora hasta cierto punto.

Esta capacidad, para nosotros es un problema, porque el actor tiene que responder siempre a los estímulos como si fuese la primera vez.

Por eso hay que enriquecer esas imágenes con cada ensayo o función. Tenemos que jugar con ellas, creando nuevas asociaciones. Deben ser siempre CONCRETAS.

Para que no pierdan esa capacidad, de estimular al cerebro y nos lleven a la acción.

Conseguir que mi compañero vea con mis ojos lo que yo, como personaje quiero.

Un PELIGRO; si en una clase de teatro intentamos visualizar todo aquello que estamos diciendo, pero no hemos trabajado antes la visualizacón; inevitablemente tendremos que desviar nuestra atención de lo más importante; lo que está pasando en el “aquí y ahora” con el compañero de escena.

Estaremos ocupados en una tarea técnica del actor, olvidándonos de la tarea propia del personaje.

Para evitar esto tendremos que hacer un enorme trabajo previo, fuera de las horas de clase. Es como aprenderse el texto en casa, para que en la escena surja sin esfuerzo. En este caso memorizaremos la película del personaje.

Iremos acumulando visualizaciones que al principio serán muy generales, como borrosas. Pero con el tiempo y usando nuestra imaginación, las llenaremos de detalles. Poco a poco despertarán en nosotros reacciones emocionales, y llegarán a ser como una especie de recuerdos propios.

La memoria funciona así. Se ha comprobado que algunas de las cosas que recordamos en realidad, no sucedieron. Son falsos recuerdos que nuestra mente ha creado. Pero para nosotros son indistinguibles de los recuerdos genuinos. Esto se ve fácilmente al hablar con otros de algo que sucedió hace tiempo; en seguida surgirán versiones contradictorias. La memoria es creativa.

Si el actor no ve aquello de lo que habla con su compañero de escena, el texto sonará vacío y no se producirá esa magia de conexión con el público.

Prestamos poca atención a los sucesos que no se muestran en la obra, pero que sin embargo pueden haber influido en nuestro personaje.

Lo mismo sucede cuando actuamos. Mientras estamos esperando en camerinos, podemos hacer el recorrido visual de lo que le ha pasado a nuestro personaje entre dos apariciones en escena. Estos sucesos no se muestran en la obra. Es lo que hemos llamado antecedentes cercanos. Al hacer esta visualización, saldremos a escena de una manera diferente.
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